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19 febrero 2013

Judías verdes con tomate


Recurrente y clásico, pero sobre todo un plato imprescindible en esa cocina tradicional que circula por casa. Las judías verdes han pasado de representar un papel de guarnición en pescados, a ser las protagonistas en cenas, donde es recomendable comer menos, pero sano. Son las judías verduras con las que podemos elaborar variados platos, ya sea en ensaladas acompañadas con patatas cocidas, tomates, cebollas, pimientos y pepinos, bien aliñadas con una fritada de ajos o asadas en la parrilla siempre nos aportarán su agradable sabor. Hay dos clases de judías que encontraremos habitualmente en las verdulerías: las más anchas tienen menos sabor, aunque son más económicas y no hace falta quitarles las hebras; luego están las que hoy subo al blog, en general de formato casi redondo, y si bien cuestan hasta tres veces más compensa adqurirlas por su intenso sabor. Esta elaboración con tomate es muy agradable y la que más recuerdos me trae de la cocina familiar.

Ingredientes: Judías verdes, cebolla (o puerro), aceite de oliva virgen extra, ajos, tomate, sal, pimienta y azúcar.

Elaboración: Tras quitarles las hebras de los extremos y cocerlas durante tres o cuatro minutos con una pizca de sal, las judías ya están preparadas para la elaboración de este plato. En una sartén con un par de cucharadas de aceite pochamos la cebolla a la que añadiremos un poco de sal y pimienta y un ajo picado. Agregaremos el tomate natural con una pizca de azúcar para contrarrestar su acidez y una vez frito añadiremos las judías verdes. Mareamos un par de minutos y servimos. Tan sencillo como saludable.

27 septiembre 2012

Salteado de champiñones al cava con gulas y gambas


Abres la nevera y los champiñones de anteayer te miran con la desazón de quien empieza a ponerse pocho. Decides, sin dilación, que hoy toca salteado. Empiezas a pensar en el gusto de cada uno y el congelador te aporta el siguiente paso: gambas peladas y gulas. La fórmula comienza a tener sentido, aunque a menudo combinamos ingredientes de manera sistemática con final siempre igual. Llegó la hora de cambiar el clásico guión. En algún lugar leí hace tiempo que en vez de vino hay quien usa cava para rehogar los champiñones. Así que subí del sótano una botella de cava, la descorché y reservé la cantidad necesaria para el plato; la botella reposaría en el congelador mientras tanto.

Ingredientes: Champiñones (me gusta usar la variedad portobello, pues aportan al salteado un sabor agreste), aceite virgen extra, ajos, gulas, gambas peladas, cava, sal y pimienta. Hasta aquí la fórmula, podemos además espolvorear una cayena, colorear con una pizca de pimentón, revolver con huevo y rematar el plato con perejil picado. Cuestión de gustos.

Elaboración: Salteamos los champiñones en una sartén con aceite, salpimentamos y añadimos los ajos fileteados. Una vez consumida el agua que normalmente sueltan los hongos (los portobello desprenden menos) agregamos el cava y esperamos a que el alcohol se disipe para incorporar las gambas y las gulas. Cuidad la cocción para que cada ingrediente resulte jugoso y tendremos un salteado con un sabor nuevo. Ah, sacad la botella de cava para rematar la faena.

21 septiembre 2012

Setas de chopo al ajillo, aires de otoño


Poco a poco el otoño va entrando en las verdulerías con sus colores apastelados desprendiendo el agreste aroma a tierra fresca de las huertas de las vegas andaluzas. Todo un mundo de sensaciones expuesto en las estanterías y en las cajas de frutas y hortalizas de temporada hábilmente distribuidas por la acera. Así que Eva y Pablo, profesionales de un trabajo tan mimado como el suyo en las tiendas Valverde, me tenían preparada una tarrina con las primeras setas de chopo cultivadas que llegaban al local, junto con unos irresistibles champiñones portobello. Las de chopo son unas setas muy agradecidas y apreciadas, pequeñas, fácilmente identificables por su fino tallo y permanecer en grupos de cuatro o cinco arracimadas en una misma raíz. Ideales para acompañamiento de pasta papardelle, de relleno en una empanada de hojaldre y éstas al ajillo que hoy subo al blog: fácil de elaboración, agradable por su suave sabor y frescura, siendo una de las mejores formas para degustarlas.

Ingredientes: Setas de chopo, aceite de oliva virgen extra, un ajo, sal, pimienta, un poco de zumo de limón y mantequilla.

Elaboración: Lavamos y secamos bien las setas, cortamos la base adjunta a la raiz y dejamos casi enteras pues su tallo es delgado y su sombrero apenas sobrepasa los tres centímetros. Calentamos un ajo (o medio) fileteado en una sartén con una cucharada de aceite, y sin dejar que se dore incorporamos las setas, salpimentamos y mareamos un minuto, añadimos un poco de zumo de limón y una vez que las vayamos a sacar agregamos una cucharada de moka con mantequilla (es un truco que aprendí en un vídeo del cocinero inglés Jamie Oliver), que le aportará la textura y cremosidad idónea para su degustación. Sin misterios ni artifugios.

14 junio 2012

Revuelto de trigueros al baño María


Un clásico de los revueltos con afán y empuje permanente para reinventarse en múltiples recetas subiendo así escalones en la nueva cocina sin olvidarse de dónde viene: los fogones caseros. La sola presencia de unos buenos trigueros, verdeados y firmes, ya es garantía de que el revuelto será de nuestra satisfacción, salpicado en esta ocasión con unos taquitos de jamón ibérico que dan juego al paladar. La cremosidad que le aportarán los huevos es imprescindible para un buen acabado, de ahí que al cuajarlos al baño María obtengamos esa textura idónea. No vamos a descubrir nada que la cocina francesa no haya inventado al respecto y que en muchos fogones caseros poco a poco se va convirtiendo en práctica habitual. Una técnica ésta del baño María que requiere, no obstante, un poquito más de tiempo, así que pondremos a éste entre los ingredientes.

Ingredientes: Espárragos, aceite de oliva virgen extra, sal, pimienta, pizcos de jamón ibérico y huevos. Para el baño María una cazuela con agua y un bol metálico. Ah, y esos minutos de más, fundamentales.

Elaboración: No hace falta cocer los espárragos si éstos son trigueros frescos. Así pues, los salteamos en una sartén con aceite, y una vez en el punto deseado añadimos los pizcos de jamón y en un minuto reservamos. En una cazuela ponemos agua a calentar y sin esperar a que arranque a hervir colocamos sobre el agua el bol con los huevos batidos y los espárragos. Vamos moviendo poco a poco hasta lograr la cremosidad que más nos guste. Si sois pacientes el resultado habrá merecido la pena.

04 mayo 2012

Cardos esparragaos con huevo


Receta como ésta, procedente de la cocina tradicional mozárabe elaborada en los fogones cordobeses, tiene el sabor y textura de los guisos sencillos y aromáticos, siendo como es hortaliza y huevo en mágica sintonía ligeramente especiada. Porque no siempre hoy día se le concede a los cardos un papel protagonista en la cocina —destinados a servir de guarnición en cocidos y alubias— tiene sin embargo la contundencia de un primero, ya sea esparragao con almendras o en una fusión con almejas y gambas, donde alcanza el sabor de la cocina casera. Mientras en la nueva cocina prevalecen los cardos gratinados con bechamel o crudos en ensalada, igual de sabrosos.

Ingredientes: Cardos (naturales o en conserva), aceite virgen extra, ajos, miga de pan, pimentón dulce, cominos, sal, pimienta, vinagre y huevos. Almendras (opcional).

Elaboración: Si optáis por unos cardos naturales, limpiadlos bien y coced en abundante agua, reservando parte del liquido de la cocción. Si por el contrario usáis un bote en conserva, aclarad con agua. En una sartén con aceite de oliva, dorad unos dientes de ajo enteros pelados y una miga de pan y añadir al mortero en el que previamente habremos puesto una pizca de sal, pimentón, cominos y almendras (opcional). En otra cazuela incorporad los cardos con una cucharada de aceite y salpimentar. Unos minutos después añadir el contenido del mortero junto con parte del liquido de la cocción, o bien un poco de caldo de verdura. Id comprobando el punto de sal y especies e incorporad los huevos llegando al final de la cochura. Me agrada añadir una pizca de vinagre antes de servir, el punto de acidez que le aporta resulta espléndido.

19 enero 2012

Menestra de alcachofas con zanahorias


No hace falta hacer acopio de un gran número de verduras para elaborar una menestra, será suficiente, como en este caso, que nos sobren tres o cuatro alcachofas que no usamos en un anterior guiso y unas zanahorias en el cajón del frigorífico para montarnos este plato, siempre agradecido y que nos solucionará la cena o servirá de guarnición para un pescado o carne. La menestra de verduras es uno de mis platos favoritos, me gusta hacerla a mi manera y para eso hay que tener paciencia y tiempo, de ahí que algunas veces recurramos a los sobres congelados, que aunque nos aportarán una selección variada de hortalizas y las vitaminas adecuadas, su sabor y textura serán diferentes al de la menestra que hoy os propongo. Navarra sigue siendo en mi opinión la tierra de la menestra de verduras, elaboradas con una variedad sugerente, rematadas con trocitos de jamón e incluso de chorizo, y es que en sus campos de cultivo, extendidos por el corredor del Ebro, exentos de pedregosidad, ricos en cal y bien drenados crecen unas excelentes verduras, entre ellas las alcachofas de Tudela y el espárrago.

Ingredientes: Alcachofas, zanahorias, cebolla (o puerro), ajos, aceite de oliva, sal y pimienta, pimentón dulce, vino blanco, caldo del cocido (o agua con una pastilla diluida).

Elaboración: Comenzamos eliminando las hojas exteriores de las alcachofas y sus extremos, una vez abiertas quitamos la pelusa que crece en la parte superior, cortamos en cuartos y sumergimos en un cuenco con agua y el zumo de un limón para evitar su oxidación. Picamos menudo (en gastronomía se denomina corte brunoise) la cebolla y pochamos en una sartén con aceite, a continuación añadimos un ajo fileteado, salpimentamos. Mientras tanto habremos cortado las zanahorias en trozos, que junto con las alcachofas y una cucharada de pimentón dulce incorporaremos a la sartén. Movemos durante un par de minutos y vertemos un vaso de vino blanco. Una vez evaporado el alcohol es el momento de añadir el caldo, o bien agua con una pastilla de caldo diluida. Esperad a su reducción y tendréis la menestra terminada. Por supuesto, admite unos taquitos de jamón, los mismos que en el momento de marras eché en falta. En fin, otro día será.

16 enero 2012

Ensalada de coliflor con fritada de ajos y aliñada en su jugo


De las múltiples variedades de ensaladas en las que la coliflor es el ingrediente principal, ésta con fritada de ajos y aliñada en su jugo creo que es la más clásica, en casa casi siempre se solía tomar al final del almuerzo en vez de fruta, siendo uno de los platos de la cocina tradicional que no debería faltar en el menú semanal dadas las buenas propiedades de este ingrediente tan versátil. Y es que la coliflor, de temporada durante el otoño e invierno, se presta a ser manipulada en un sinfín de recetas, desde su acabado gratinadas con bechamel, a su incorporación en una ensalada con atún y encurtidos, aportando su peculiar sabor al arroz con bacalao.

Ingredientes: Coliflor, ajos, aceite de oliva, agua, sal y vinagre.

Elaboración: Hervid la coliflor en una cazuela con agua, a la que añadiremos vinagre para evitar el olor intenso, y para muchos molesto, que se desprenderá durante la cocción, aunque nunca lo eliminaremos del todo. Procuro no coced demasiado la verdura, aunque este paso depende del gusto de cada cual. No tiréis el jugo de la cocción, será suficiente conque reservéis el equivalente al contenido de un vaso de tubo. Suelo hacer este paso la noche anterior, para que por la mañana y, sobre todo, a la hora del almuerzo, la verdura esté en su temperatura normal, que habremos pasado a un cuenco. En una sartén freímos unos ajos picados en láminas gruesas —evitaremos así que se doren demasiado— que añadiremos junto con el aceite a la colifor. Finalmente aliñamos con sal y vinagre.

12 enero 2012

Ensaladilla a lo pobre



La típica ensalada de verdura para el verano, aunque se puede degustar todo el año al ser un plato ligero recomendable para las cenas. En algunos lugares esta ensalada es conocida como papas aliñadas, si bien contiene algo más que la melva y cebolla con la que se elabora ésta. La base de este plato son las patatas y verduras de buena calidad, de ahí que algunas de éstas sean más propia de la temporada de estío, aunque con su producción en los invernaderos las tenemos a nuestra disposición en otras estaciones. Denominada así desde antiguo, la ensalada a lo pobre tiene su origen en las cocinas domésticas, ya que sus ingredientes son de un precio asequible a cualquier economía. Recuerdo una imagen de mi abuela materna picando menudo todos los ingredientes y mezclándolos pacientemente para que cogieran el aliño en un gran cuenco de cerámica rambleña. Además de entrante o primer plato, la ensalada a lo pobre resulta una excelente guarnición para pescados a la plancha.

Ingredientes: Patatas frescas, tomates, pepino, cebolla fresca, pimiento verde, huevo, aceite, sal y vinagre de Jerez. Admite también judías verdes, atún o melva y aceitunas.

Elaboración: Coced las patatas y huevos, cortad el resto de verdura en trozos a vuestro gusto y una vez mezclados en una fuente aliñad con abundante aceite, un chorrito de vinagre y sal. En otoño e invierno apetece al natural, mientras en verano es recomendable enfríad en la nevera antes de servid.

29 diciembre 2011

Tortilla de espinacas


Reconozco mi debilidad por las espinacas en todas sus variedades gastronómicas, y ésta elaborada en tortilla resulta tan elemental como saludable. Es una de las verduras más versátiles. Cosecha una aceptación desigual, sobre todo en los niños, pudiendo llegar a ser tan querida como odiada. Ya  publicamos en este blog la receta de las espinacas esparragás con garbanzos, siendo una de las variedades más extendidas en la cocina española y por la que muchas personas conocen las excelencias de esta verdura, que ha pasado de ser una incondicional en el menú familiar —en los guisos aporta un fresco sabor— a destacar en la carta de restaurantes, sobre todo en las ensaladas. La tortilla de espinacas no tiene secretos que la hagan misteriosa, quizá en la sencillez de su preparación resida su buena estrella.

Ingredientes: Espinacas, ajos, aceite de oliva, sal, pimienta y huevos.

Elaboración: Ponemos los ajos laminados a freir en una sartén amplia con un fondo de aceite de oliva y antes de que se doren incorporamos las hojas de espinacas previamente lavadas y escurridas, salpimentamos. Normalmente suelo usar las espinacas que venden en grandes bolsas en las verdulerías, aunque también —si os resulta más cómodo— se pueden usar las congeladas, preferiblemente con las hojas enteras. Rehogadas bien las espinacas escurrimos el aceite y volcamos sobre los huevos batidos, que a su vez incorporaremos en la sartén para formar la tortilla. Hasta aquí la forma en que normalmente suelo elaborar este plato, que está abierto a la inventiva o a la tradición según qué casa. De ahí que podamos añadir algunos ingredientes como piñones, e incluso jamón picado y queso rallado; otras variantes contemplan cebolleta y pimientos rojos. A elegir.

19 diciembre 2011

Salteado de garbanzos, setas shiitake y gambas


La combinación de setas y gambas resulta un contraste apetitoso al fundir acertadamente el sabor agreste del monte con el sabroso marinero. Si además lo intensificamos con salmón y añadimos un huevo batido logramos el clásico revuelto de cremosa textura. Pero si lo que queremos es sorprender en casa, nada mejor que acudir a la huerta en busca de garbanzos. ¿Por qué no? Ha sido el plato nuevo de hoy, y las chicas lo han aceptado de buen grado. Pero en vez de recurrir a las clásicas setas de cardo, he optado por la variedad shiitake, que suelo usar para el arroz con setas y espárragos. Es un tipo de hongo la shiitake que aporta un sabor especial a los platos. La encontramos deshidratada en las verdulerías y para lograr su sabor la debemos tener entre veinte y treinta minutos en remojo antes de usarla en la cocina. Tiene la shiitake múltiples ventajas medicinales, desde el fortalecimiento del sistema inmunológico a la prevención de enfermedades cardiovasculares y muy combativa contra la gripe y los resfriados tan comúnes durante el invierno que se avecina.

Ingredientes: Garbanzos (usad el contenido de un bote en conserva), setas shiitake, gambas (os sugiero las congeladas grandes de Castellar), aceite de oliva, vino blanco u oloroso, sal, pimienta y pimentón dulce (opcional).


Elaboración: Ponemos las setas previamente hidratadas en una sartén con un fondo de aceite de oliva, salpimentamos y dejamos rehogar. Mientras tanto, aclarar bajo el grifo los garbanzos en conserva y reservar. Hay a quien le gusta hervirlos durante cinco minutos, pero no es estrictamente necesario, nuevamente cuestión de gustos. Pelar un par de ajos y bien picados añadirlos a las setas, mezclar un poco y verter medio vaso de vino blanco u oloroso, si disponéis del segundo os dará un sabor más intenso. Una vez evaporado el alcohol incorporamos los garbanzos y las gambas, añadimos una pizca de pimentón dulce, corregimos el punto de sal y mareamos hasta que las gambas estén hechas. Servir y disfrutar.

13 diciembre 2011

Espinacas 'esparragás' con garbanzos


Es un plato que crea adicción, un combinado mágico que mezcla verdura y legumbres atildado con el aroma de las especias. Increíble. No debería faltar en el menú semanal.  Es un plato, además, que recoge la esencia clásica de la gastronomía casera. De ahí que sea normal escuchar que las espinacas esparragás recuerdan a la abuela o a la madre en la cocina. Y de esto se han percatado mesones y tabernas, donde este plato se elabora y presenta con gran fundamento y mimo. Una verdura tan versátil y agradecida por sus propiedades vitamìnicas y antioxidantes como las espinacas merece su puesta de largo con esta receta que a buen seguro a nadie dejará indiferente. Lugares hay donde poder degustar este plato, pero si viajáis a Córdoba no dejéis de elegirla en la carta del mesón Juan Peña, en la calle doctor Fleming. Eso sí, no es un plato cuya elaboración salga a la primera, no desesperéis e intentarlo hasta lograr el punto que más os agrade.

Ingredientes: Espinacas, garbanzos (un bote en conserva), ajos, aceite de oliva, sal, pimienta molida, cominos, pimentón (dulce o de la Vera), unas rodajas de pan y vinagre.

Elaboración: Tenéis dos opciones: o compráis las espinacas ya cortadas y congeladas en un paquete de unos cuatrocientos gramos, o bien usáis las naturales y las hervís, en ambos casos guardad su caldo, pues nos servirá más tarde. Comenzamos friendo en una sartén los ajos enteros y pelados (con tres será suficiente) y unas rodajas de pan; mientras tanto, en un mortero ponemos una poca de sal, pimienta, cominos, una cucharada de pimentón (si usáis el de la Vera os dará un sabor especial) y vinagre. Una vez dorados los ajos y el pan, los añadimos al resto. En la sartén y sobre el aceite ya caliente incorporamos las espinacas, que marearemos poco a poco. Es el momento de usar el almirez para batir el contenido del mortero hasta formar una masa cremosa, la cual suavizaremos añadiendo un poco del caldo de las espinacas. Una vez que la verdura haya alcanzado consistencia, enriqueceremos con el contenido del mortero, mezclándolo todo bien. A continuación, damos un agua a los garbanzos y los incorporamos a la sartén, corrigiendo el grado de sabor de las especias y sal si fuera necesario. El plato está prácticamente acabado, pero a fin de que las espinacas no queden secas, id añadiendo el caldo hasta que consigáis la textura y cremosidad deseada. Antes de servir, añadir un poquito de vinagre, es el toque final para un remate de altura.

07 mayo 2010

Cazuela de espárragos trigueros a la vieja usanza


El tiempo ha pasado página sobre aquellos esparragueros que rifaban por los bares, a ristra de naipes, manojos de trigueros recién cogidos del monte, delgados, enhiestos, verdeados por la lluvia de la noche y el sol de la mañana, aireando sus yemas el intenso aroma agreste a sierra y ventisca. Hoy día, a lo sumo, confórmense con los trigueros cultivados con los que hay que tener, además de buen ojo para acertar, que sean los más frescos posible, en ello nos va el sabor, el aroma y, en definitiva, un plato para recordar. Ahora bien, si no tenemos la suerte de contar con una materia prima de la de entonces, hay que optar por lo seguro y para ello recurriremos a los espárragos verdes, que no son sino una versión cultivada del triguero, pero intensos en sabor y aroma, y con todas las propiedades en fibra, minerales y vitaminas. Si bien los espárragos verdes alcanzan su sabor genuino a la plancha, –usados muy a menudo como guarnición –preferentemente de pescados-, adquieren una intensidad sin igual si los preparamos en una cazuela esparragaos.

Ingredientes: Un manojo de espárragos verdes cultivados, ajos, pan, aceite de oliva extra, pimentón dulce, pimienta molida, cominos, vino blanco, sal, vinagre y huevos.

Elaboración: Usamos una cazuela baja en cuyo fondo vertemos aceite, en el que freímos dos rebanadas de pan del día anterior y un par de ajos enteros. Una vez que estén dorados los sacamos y volcamos en un mortero donde ya hemos puesto un fondo de sal, una pizca de pimienta molida, pimentón, cominos y un chorrito de vinagre, y mientras se rehogan en la cazuela unas cebolletas picadas machacamos el pan y los ajos con las especias hasta lograr una masa uniforme, que dejaremos aparte para atender la cazuela, donde una vez rehogadas las cebollas pondremos los espárragos, ya limpios y cortadas las partes duras de los tallos, dejamos cocer. Esta primera fase es fundamental, pues es la que le va a dar la esencia a este plato, definido por el aroma y el sabor del esparragao. A continuación echamos vino blanco y esperamos su evaporación para cubrir los espárragos con caldo de verdura o agua, es el momento de volcar el contenido del mortero, al que previamente habremos echado un poco de agua para diluir la masa, y ya en la cazuela rectificamos de sal y cominos. Lentamente el guiso va cociéndose, si bien antes de llegar a su punto distribuiremos dos o tres huevos entre los espárragos, tapamos la cazuela y quitamos el fuego. En cinco minutos tenéis el plato terminado.

En la mesa: Los espárragos esparragos resulta un primer plato fuerte, para comer con cuchara y pan para el moje. Al ser además una comida sustanciosa por la variedad de especias usadas en su condimentación, conviene no cargar demasiado las dosis de éstas, pues perderíamos el sabor generoso y agreste de unos espléndidos espárragos.

30 diciembre 2009

Cardos con almejas, un aroma mozárabe



Es un plato que suelo preparar algunos viernes, porque es el día que entran unas estupendas almejas de carril en mi pescadería favorita. Las almejas constituyen una parte esencial de este plato, al que atribuyo una tradición mozárabe. La primera vez que lo probé fue en el restaurante cordobés El Caballo Rojo, cuya cocina se distingue por haber incorporado acertadamente recetas mozárabes a su carta (rape, alcauciles o el cordero a la miel), las cuales recomiendo. Pues bien, las almejas de carril y no las chirlas son las idóneas para este guiso, aunque para cuatro personas no uséis más de una docena, se trata sólo de dar un suave toque de sabor marinero, la base son los cardos. Un plato, en suma, de fácil elaboración y agradable degustación en días otoñales.

Ingredientes: Cardos naturales (podéis usar los envasados, aunque recomiendo los frescos, pues además de conservar todas sus propiedades nutritivas intactas, el jugo de su cocción nos servirá para el guiso), almejas de carril, gambas (opcional), cebolla, ajos, zumo de limón (sólo si usáis los cardos frescos, porque así evitaréis su oxidación mientras los dejáis en un cuenco con agua), vino blanco (si es seco, mejor), maicena, azafrán en hebra, sal, perejil y pimienta blanca. En otras versiones se usa tomate, pimentón y almendras fileteadas y tostadas, pero yo nunca los he probado así.

Elaboración: Limpiar bien los cardos, es algo engorroso por los hilos de hebras, pero luego se agradece en el gusto, los de bote también dan buen fundamento, todo depende del tiempo del que dispongáis. Poner una cazuela a rehogar (para este guiso me gustan las de barro) con una cebolla grande picada menuda, dos ajos y unas hebras de azafrán en hebra. Sofreir, aparte, los cardos previamente enharinados, añadirlos a la cazuela y rehogar. Es el momento de verter el vino blanco (hay quien prefiere usar cerveza); una vez reducido comprobar si la salsa está espesa, si necesitara más consistencia usar una cucharadita de maicena. A continuación incorporamos las almejas con sus conchas, que previamente habremos tenido media hora en un bol con agua (podéis añadir una pizca de azúcar, o bien vinagre, para que queden limpias de arena), añadimos un poco del caldo de la cocción de los cardos y el perejil picado. Mantened a fuego lento media hora como mínimo.

En la mesa: Los cardos con almejas es un primer plato rico y sugestivo por la fusión de verduras y marisco, pero ha de quedar en una degustación que nos invite a tomar un segundo. Sugiero unos filetes de pez espada (de corte fino) a la plancha acompañados con una ensalada de berros aliñada con una vinagreta de aceite, sal, crema de vinagre balsámica y pasas. De postre, no os compliquéis, basta con una sencilla bola de helado de leche merengada regada con castañas en almíbar. Un chupito de Pedro Ximénez bien fresquito ayudará, junto con los cardos, a hacer una buena digestión.

Vinos: Doblas, en rama, de Moriles Alto; Cancionero, en rama, de Baena, y Viña Verde, de Montilla-Moriles, Si estos no llegan a vuestras tiendas de vinos, comprad uno de la denominación de Rueda.

17 septiembre 2009

Pisto, la fritada con reminiscencias árabes


Es uno de mis platos preferidos y no requiere para su elaboración más que buenas materias primas, además de una pizca de paciencia y saber respetar el orden de fritada de los ingredientes. El pisto es, en esencia, un plato de verano, no sólo porque su ingesta pueda realizarse tanto en frío como en caliente, sino porque las verduras, base de su preparación, son más frescas durante el estío, aunque gracias a los invernaderos es un plato que se puede degustar en cualquier época del año. Yo sugiero que se haga una vez cada quince días porque es una manera saludable y rica de nutrirnos con las verduras, las cuales, por supuesto, no podemos dejar de lado en nuestra dieta diaria. Es un plato el pisto, además, que sugiere múltiples variedades para su preparación y en esto influye el lugar de España donde se elabore. Normalmente, siempre que hablamos de pisto aludimos a la Mancha, el pisto manchego es hoy un referente con denominación de origen, pero su existencia se la debemos, como muchos otros platos de la gastronomía hispana, a los árabes, que ya elaboraban esta fritada de verdura como base de su dieta alimenticia. Conocido entonces como Alboronía (hoy en los restaurantes es frecuente encontrarlo bajo el nombre de Boronía acompañando a platos de pescado y carne), debe su nombre a la princesa Al Burán, en cuya boda se sirvió este plato, si bien en la actualidad lo conocemos a través de la derivación de la palabra latina pistus, cuyo significado es machacado, aludiendo así al resultado final de la fritada de verdura tal y como la degustamos. En cualquier caso, el pisto ha sido y es un plato esencial del recetario de la cocina doméstica, de ahí que en cada casa tenga sus peculiares ingredientes, preparación, elaboración y acompañamiento. Yo hago el pisto tal y como lo hacía mi madre –aunque nunca alcanzaré su maestría y sabiduría-, sin bien a veces incorporo algunos ingredientes que ella nunca usó, como el pimiento rojo y el amarillo. A lo largo de la explicación abordaré la forma en que también puede hacerse con otras verduras y añadidos. Ah, se me olvidaba, el pisto ha de degustarse siempre de un día para otro, tiempo más que suficiente para que las verduras suelten e impregnen el plato de su genuino sabor.

Ingredientes: Aceite de oliva virgen extra, cebolla, pimiento verde, rojo y amarillo, calabacín, berenjena, tomate, patata y sal.

Elaboración: Es importante, aunque en el fondo sea una cuestión de gusto, que las verduras se piquen en daditos, es un proceso laborioso pero cuyo resultado al final es gratificante. Calentamos aceite –no verter demasiado- en un perol, puede ser también en una cazuela baja y ponemos en primer lugar las cebollas a rehogar, a continuación los pimientos verdes y las mitades de un rojo y amarillo (estos dos últimos pueden ser opcionales, si bien la dulzura del pimiento amarillo aporta un sabor peculiar que en otros fogones se sustituye por calabaza o zanahoria). Una vez que estas primeras verduras están rehogadas, incorporamos la berenjena, la cual, previamente, habremos dejado durante media hora en agua –hay quién prefiere hacerlo en leche- y luego secada para quitarle el amargor. Me gusta picar el calabacín y la berenjena con sus respectivas pieles, son nutritivas, aunque recomiendo, eso sí, extraer la pulpa de ambas. Marear la verdura con una paleta es el ritmo que no debemos abandonar durante la elaboración del pisto, el cual se va haciendo ni lento ni fuerte, en cocina de vitrocerámica sin inducción recomiendo una fuerza de cinco o seis como máximo. Asimismo, la sal ha de incorporarse a la misma vez que lo hagan cada una de las verduras, sin pasarnos, ya habrá tiempo de rectificar. El siguiente paso es el tomate. Me gusta pelarlo con anterioridad y cortarlo en dados. Hay quien prefiere triturarlo o, simplemente, volcar el contenido de una lata de tomate natural… Yo suelo usar tomates maduros en rama –entonces, dependiendo de su acidez, la contrarrestaré echando o no una pizca de azúcar- y, a veces, compro la variedad de pera, que son más dulces. Para entonces, la fritada de verdura se encontrará en su apogeo y habrá que controlar para que, como se dice en Andalucía, no se agarre. A continuación, en una sartén aparte, pongo aceite y frío una patata grande cortada a daditos. Es importante que ésta no se fría demasiado, así pues la escurriremos y, una vez sacada, la incorporaremos al resto de la verdura. Por supuesto que este último paso es opcional, pero la patata le da un gusto peculiar al pisto, es agradable y matiza un sabor muy casero. Vigilad la cocción y cuando comprobéis que la verdura ya está bien hecha, apartad el recipiente del fuego, tapad y dejad reposad. Si observarais que en el fondo de la cazuela hay restos de verdura adheridos, cambiad el pisto de recipiente. Yo sugiero que lo hagáis de igual manera.

Guarnición: Normalmente, el pisto se degusta como primer plato, aunque en algunas casas, debido a la incorporación de otros ingredientes como habicholillas (judías verdes), chorizo y carne, se come como plato único. Yo suelo acompañarlo con huevos fritos (que preparo sin ajo, para que su sabor no se mezcle en la fritada) y, con rebanadas de pan frito, que se puede sustituir por pan tostado.

Base para otros platos: Dada su versatilidad, el pisto constituye la base principal de algunos platos, a los que dota de la fuerza y el sabor de las verduras. Suelo elaborar empanadas de pisto, para ello uso una masa consistente. Resulta una guarnición perfecta para los pescados y las carnes. Os sugiero que la próxima vez que comais espaguetis, lo hagáis con pisto, adquieren un sabor que quita el sentío.

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